¿Cuándo empezar a correr?

Muchas veces nos preguntamos: ¿Cuál es la actividad física que más se acomoda a mis capacidades? Hoy en día existe abundante información que nos motiva a tomar este tipo de hábitos saludables y pocas veces encontramos consejos sobre cómo empezar a practicarlos. A continuación, verás cómo iniciarte en uno de los deportes más asequibles: el running.

1. Hazte un chequeo
Lo primero: asegúrate de tu estado de salud. Tienes que tener claro que, si tienes alguna lesión mal tratada o sin tratamiento, probablemente te produzca dolor realizar cualquier práctica deportiva. Por esto, es bueno que un kinesiólogo te haga una evaluación para prevenir cualquier complicación. También, es recomendable estar con el tratamiento adecuando si padeces de alguna enfermedad cardiovascular o metabólica (diabetes, hipertensión, infarto antiguo, etc)

2. Comienza despacio
Como todo hábito, la idea es que empieces de menos a más. Es muy poco probable formar un hábito si es que empiezas inmediatamente a correr, por ejemplo, todos los días una hora. En cambio, si empezamos de a poco, respetando nuestro ritmo y tiempos, es más probable hacer que esta rutina se sostenga en el tiempo.

3. ¿Trote o caminata?
Si eres una persona sedentaria, es mejor que partas caminando rápido, no trotando. Esto hace trabajar tu corazón lo suficiente como para interpretarlo como ejercicio, sin sobrecargarlo ni aumentando la frecuencia cardíaca, hasta niveles que te parezcan muy extenuantes. De esta forma, será más llevadero y podrás mantener una duración adecuada del ejercicio.

4. Frecuencia
La cantidad de veces que lo hagamos debe ser un equilibrio entre lo suficiente para obtener sus beneficios, pero no tan “imposible” como para alejarnos del hábito. Si puedes solo los fines de semana, parte con eso y, cuando puedas, agrégale algún día de la semana. Si no quieres ejercitarte los fines de semana, reparte unos tres días entre lunes y viernes (no consecutivos, para empezar).

Lo importante es que sean 3 veces mínimo por, al menos, 30 minutos. Después, podrás ir modificando esto según tu estado físico o los tiempos que puedas ir teniendo libres. La idea es ir aumentando el tiempo de ejercicio y la frecuencia por semana.

5. No lo hagas en ayuno
El ayuno hace que tengas menos energía y te fatigues antes. Por más que esté asociado a una mayor oxidación de grasas (que tampoco es tan cierto), lo que buscamos es mantener un hábito y, sin ganas ni energía, se hace todo esto mucho más difícil.

Catalina Díaz Damm 
Kinesióloga 
Catadiazdamm@gmail.com

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